Situación comprobada a las 10:03 CEST del 12 de septiembre de 2026: el archivo de temporada del National Hurricane Center (NHC) enumeraba cinco tormentas tropicales con nombre en el Atlántico y ninguna había alcanzado categoría de huracán. Es un comienzo llamativamente tranquilo, pero no significa que el riesgo haya desaparecido ni que pueda darse la temporada por terminada.

Cinco tormentas, pero ningún huracán: ¿qué diferencia hay?

Una tormenta tropical recibe nombre cuando sus vientos máximos sostenidos alcanzan al menos 63 km/h. Para ser clasificada como huracán debe llegar a 119 km/h. Por tanto, contar sistemas con nombre no equivale a contar huracanes: una circulación puede organizarse lo suficiente para ser tormenta y debilitarse antes de cruzar el segundo umbral.

El balance observado hasta esta fecha describe lo ocurrido, no lo que ocurrirá. La temporada atlántica oficial se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre y septiembre suele formar parte de su tramo más activo.

El agua cálida es combustible, pero no el motor completo

Una superficie marina cálida favorece la evaporación y aporta energía, pero un ciclón tropical necesita que varias piezas coincidan: aire húmedo, una perturbación previa, suficiente rotación lejos del ecuador y, sobre todo, una atmósfera que permita mantener una columna de tormentas organizada.

La cizalladura vertical del viento —cambios de velocidad o dirección con la altura— puede inclinar y separar esa columna. Las tormentas quedan desplazadas del centro de circulación y el sistema tiene dificultades para concentrar calor y bajar su presión. Puede haber agua muy cálida y, aun así, un entorno hostil para la intensificación.

El papel de El Niño en 2026

La previsión estacional de NOAA asignó un 55% de probabilidad a una temporada por debajo de lo normal, con un intervalo de 8 a 14 tormentas con nombre, 3 a 6 huracanes y 1 a 3 huracanes mayores. Uno de los factores principales era el desarrollo de un episodio fuerte de El Niño, que suele aumentar la cizalladura sobre el Atlántico tropical y dificulta la organización de los ciclones.

Esos intervalos no son una predicción de trayectorias ni garantizan un resultado. Expresan la actividad total considerada más probable antes de la temporada. Un solo ciclón intenso que afecte tierra puede convertir una temporada estadísticamente tranquila en una temporada grave para una zona concreta.

¿Qué significa para Europa?

Este balance no constituye un aviso para España ni para ningún otro país europeo. Algunos ciclones del Atlántico recurvan hacia el norte y pueden transformarse en borrascas extratropicales, pero su posible impacto depende de la trayectoria y de la evolución atmosférica de cada sistema. Para decisiones locales deben consultarse los avisos del servicio meteorológico nacional y de protección civil.

Si un ciclón se aproxima a una costa, el viento no es el único peligro. La presión y el empuje del viento pueden elevar el nivel del mar; nuestra guía sobre marea meteorológica explica ese mecanismo y por qué no debe confundirse con la marea astronómica.

Qué conviene vigilar a partir de ahora

  • El mapa de perspectivas a dos y siete días del NHC, que muestra áreas con potencial de desarrollo, no trayectorias garantizadas.
  • Los partes oficiales cuando ya existe una depresión o tormenta, donde sí aparecen posición, intensidad y cono de incertidumbre.
  • Los avisos nacionales y locales, que son los que traducen el fenómeno en riesgos concretos para cada territorio.

La conclusión correcta no es “en 2026 no habrá huracanes”, sino “hasta la fecha de corte ninguno de los cinco sistemas con nombre llegó a ser huracán”. La atmósfera ha sido poco favorable a la organización, especialmente por la cizalladura asociada a El Niño, pero aún queda temporada.

Fuentes oficiales